Nací a mediados de los 90. Recuerdo que en invierno hacía frío, en otoño viento, la primavera era excitante y los veranos una bendición. Mis padres lo sabían todo, y lo que decían era la verdad. Mis abuelas eran como otras madres, pero con la gran ventaja de que me dejaban comer más dulces.

Click! Click! Click! Chsssffff!
Click! Click! Click! Chsssffff!

Esta historia es la historia que creo que yo me cuento para explicarme quien soy y de donde vengo.


Cuando era pequeño me encantaba jugar en mi habitación, me pasaba horas jugando en silencio, imaginándome aventuras con mis dinosaurios, action man, pokémons, y cualquier otro muñeco, haciendo construcciones y robots luchadores con legos de mercadillo. Mis favoritos: la mansión de Casper y el camión de MicroMachines (molón 😎). El scalextric me encantaba, y siempre intentaba construir circuitos distintos al que se suponía que tenías que montar, aunque tuviese que forzar las piezas para conseguir mis objetivos. Construía torres con cajas y sillas para darle verticalidad (y más emoción) a mis carreras.

He tenido mucha suerte en esta vida, y estoy eternamente agradecido por la infancia que se me ha permitido disfrutar. Pero de entre todos estos juguetes había una categoría en específico que tenían un lugar especial en mi corazón.


Uno de mis mejores amigos celebraba su cumpleaños, creo que tendríamos 5 o 6 años. Era muy importante el título de mejor amigo en esa época, aunque solía admirar prácticamente a todos mis amigos por alguna de sus cualidades únicas: ya fuera su manera de hablar, que sacaran siempre dieces en mates, o lo buenos que eran jugando a futbol.

Durante esa fiesta de cumpleaños vi una cosa que me fascino: alrededor de una tele de tubo gigante estaban mis compañeros de clase, con una PlayStation en suelo y Crash Bandicoot en la pantalla, yo no sabía que era lo que estaba viendo, pero recuerdo realmente con intensidad los colores naranja y verde de la pantalla. Quería jugar y aunque me daba vergüenza. El cumpleañeros estaba jugando y parecía muy bueno, seguro que yo lo hacía fatal y quedaba en evidencia ante los demás. No sé por qué siempre he tenido esta percepción de mí mismo desde pequeño, como de intentar que los demás no descubran que igual no me merezco estar ahí. Esa forma de pensar creo que es la que me ha limitado y autosaboteado muchísimas veces, y la que a la vez, en ciertos momentos de mi vida, ha hecho que me esfuerce más allá de lo que yo sabía que los demás estaban dispuestos a esforzarse, para llevarme a alcanzar mis objetivos.

Volviendo al Crash Bandicoot, recuerdo muy bien que fue lo que me fascinó: "Hay un mundo detrás de esa pantalla, lleno de colores y criaturas sorprendentes, el cual quiero investigar y descubrir cada uno de sus secretos". Precisamente ese juego no era un juego de exploración, pero yo lo viví así, y ese pasaría a ser a partir de entonces un patrón recurrente en mi vida, la búsqueda de universos que esperaran a ser descubiertos y resueltos, llenos de misterios y sorpresas esperando en cada rincón.

Crash Bandicoot, recuerdo verlo en una tele gigante

Cuando llegó la hora de marcharse de la fiesta de cumpleaños rompí a llorar, mi madre se sorprendió mucho, yo era un niño que se portaba extremadamente bien, tenía mucho respeto por mis padres, nunca les replique nada, ni les lleve la contraria, ni si me pasaría por la cabeza llorar en público ni montar un espectáculo, nunca. Pero no quería irme todavía, tenía muchas preguntas todavía sobre ese mundo dentro de la pantalla.

Pero mi primera consola no fue una PlayStation, fue la Game Boy Color y había un juego entre muchos otros que causaba sensación en el patio del colegio y que me fascinaba cada vez que veía a alguien jugarlo:

Puedo escuchar la musiquita

Yo les veía jugar al Pokémon Rojo o Azul, pero no lo sabía, solo sabía que eso si era un mundo inmenso el cual explorar y descubrir, lleno de unas criaturas fantásticas y misteriosas, !Y muy molonas! Eso, junto con los dibujos de Pokémon de Telecinco, me cautivo.

Recuerdo que yo lo que quería era explorar el mundo de Pokémon, ver qué había en la siguiente ruta, en el siguiente pueblo: una cueva, con ríos y lagos; un bosque, con Pokémons legendarios que viajan a través del tiempo; un océano, y una isla más allá, etc Y yo, que tendría unos 6 años, siempre me quedaba "bloqueado", sin poder avanzar en el juego, porque intentaba evitar todos los combates (esquivando la mirada de los demás entrenadores), lo cual limitaba mi progreso porque muchas veces te exigían conseguir la medalla del gimnasio (y yo no lo sabía), o porque mis Pokémon no tenían el nivel suficiente para poder vencer a algún entrenador al cual era imposible evitar. Así que mis sesiones de juego normalmente se basaban en dar vueltas por los mismos sitios, y explorar cada uno de sus rincones, y de vez en cuando, comenzar una partida nueva cuando me apetecía probar un Pokémon principal distinto.

Supongo que a medida que iba creciendo y mi cerebro se desarrollaba terminaba por entender de que iba el juego y lo que tenía que hacer y conseguía progresar. Como si fuese ahora mismo, recuerdo la primera vez que me pase la liga de Johto, venciendo a Lance, y como, al pensar que ahí se había terminado el juego, me encontré con el regalo de que ahora se me permitía ir a Kanto, un mundo nuevo y tan grande como el que acababa de jugar, el cual explorar y descubrir. Esa emoción, sorpresa y alegría, de pensar que has terminado un juego que te encanta, y darte cuenta de que realmente vas por la mitad y hay mucho más por descubrir, es una de las sensaciones más especiales y únicas de los videojuegos. Buscando un símil, sería equivalente a estar leyendo un libro que te encanta y que después de leer la última página, el libro por sí mismo se duplicase de la nada, revelando una verdad oculta que todo el rato estuvo ahí y no viste simplemente porque te faltaba un conocimiento que no se te había sido revelado todavía.


Un tiempo después vi por la tele un anuncio que me cautivo, y terminaría siendo mi segundo videojuego:

Oracle of Seasons, el anuncio era una pasada

En este juego me volvía a bloquear, constantemente, y esta vez nada más comenzar. Comienzas el juego en una zona cerrada, con un campamento de nómadas. Lo único que tienes que hacer es hablar con todos ellos y después con la que baila en el tocón. Demasiado complicado para mi yo de 6 años, además no sabía guardar la partida, estuve bloqueado en esta pantalla durante meses:

Baila, baila!

Lo bueno de bloquearse de esa manera jugando a videojuegos es que cuando descubrías como continuar, se sentía literalmente como si ahora tuvieses un juego completamente nuevo, y una nueva zona del mundo se hubiese abierto ante ti para explorar e investigar. Oracle of Seasons tenía un mundo inmenso, así que la mayoría del tiempo lo que hacía era vagar por su mundo sin tener ni la más remota idea de que es lo siguiente que tenía que hacer. ¡Increíble!


Siempre me fascinó todo lo que tenía que ver con las pantallas. En cuanto tuve la oportunidad no dudé en apuntarme a la clase extraescolar de informática, donde durante 30 minutos un señor con mucha paciencia te enseñaba a usar Windows, Word y Excel. Y luego durante el resto de la clase podías jugar a juegos educativos, como los de Pipo, o uno muy raro que me encantaba sobre un extraterrestre tipo E.T. y su nave. Aunque esté señor tan paciente traía en su maletín juegos más entretenidos, como el de Tarzan.

Esta foto solo existe porque mi madre la guardó en un álbum. Hoy en día perdemos todas las fotos, por mucho que estén iCloud o drive: nunca volvemos a verlas. Si tienes una casa estable creo que es una buena inversión de tiempo el ir revelando en álbumes las fotos más importantes de tu familia, darán muy buenos momentos durante las reuniones familiares.
Esta foto solo existe porque mi madre la guardó en un álbum. Hoy en día perdemos todas las fotos, por mucho que estén iCloud o drive: nunca volvemos a verlas. Si tienes una casa estable creo que es una buena inversión de tiempo el ir revelando en álbumes las fotos más importantes de tu familia, darán muy buenos momentos durante las reuniones familiares.

Lo mejor de esta aula de informática es que los ordenadores tenían acceso a internet. Para mi internet se sentía como algo muy raro e intrigante, podías poner cualquier cosa en el buscador de Google y salía, ¿Pero qué podía buscar? El límite era mi capacidad a la hora de hacer preguntas. De momento: minijuegos.com

minijuegos.com
minijuegos.com

Yo quería poder jugar a todos esos juegos de internet desde mi casa, pero en mi casa no había internet. Yo les había dejado caer a mis padres que eso de internet estaba muy bien: había juegos, películas y música (para descargar una canción era una semana con el ordenador encendido y el eMule arrancado). Aunque a mis padres eso de internet nunca les hizo mucha de gracia, creo que porque eran capaces de ver del riesgo que podía tener para un niño de mi edad, y lo desconocido que era para ellos. De hecho, al cabo de 1 año o así mi padre pondría internet para su pequeña oficina que tenía en casa, y era yo el que le explicaba muchas de las cosas: como funcionaba el sistema operativo, sus aplicaciones, y como era internet. También le expliqué lo del eMule y comenzamos a dejar descargando una película que no recuerdo cuál era, pero lo que si recuerdo es que una vez se terminó de descargar y fuimos a reproducirla, lo que salió fue un hombre muy musculoso y desnudo en un decorado con forma de nubes (a lo Olimpo de los dioses) y unas letras muy graciosas. Yo no sabía que era, mi padre muy rápido cerro todo y dijo: bueno ya está, que esto son cosas de mayores, no ha funcionado bien. No entendí muy bien que acababa de pasar ni lo que había visto, pero al poco tiempo, por lo que fuese, íbamos a dejar de tener internet en casa, el experimento había sido un fracaso. Yo sentí que tenía muy mala suerte y unos padres muy estrictos (¡todos mis amigos tenían internet!) y escribiendo esto me doy cuenta de que lo que tenía era mucha suerte de tener unos padres tan cautelosos y conscientes de donde podían protegerme y donde no.

La caja sorpresa, nunca sabía que te podía tocar.
La caja sorpresa, nunca sabía que te podía tocar.

Pero yo quería internet, minijuegos.com me encantaba, y mis amigos comenzaban a usar Messenger para hablar entre ellos desde su casa sin llamarse por teléfono, y eso parecía muy divertido. Un día en clase de informática se me ocurrió una idea: ¿Y si me llevo a mi casa en un USB, el internet del ordenador del colegio?(literalmente el acceso directo de Internet Explorer). Dentro de mí algo me decía: "no va a funcionar, si fuera tan sencillo nadie pagaría por internet". Aun así, la relación entre esfuerzo y recompensa era demasiado asimétrica: ¡valía la pena intentarlo! Obviamente, al llevarme copiar el acceso directo de internet explorer al escritorio del ordenador de mi casa no funciono, y sentí dentro de mí algo que dijo: "era de esperar, tu intuición era correcta, aun así: buen intento".


Más adelante, en unas navidades me regalaron, la Wii (o la Revolution, como la llaman en los rumores que llevaba meses leyendo en la revista Nintendo Acción). En esa época era competidora directa de la PS2/3, que eran las principales consolas que tenían mis compañeros, pero yo era un Nintendo fanboy de corazón, y a pesar de sus problemas, para mí la Wii siempre será la consola que más he disfrutado y con la que mejor me lo he pasado. Sin olvidarnos de la Wii Ware que era un lugar lleno de indies fantásticos. Aunque la realidad es que siempre tenías que conformarte con versiones recortadas de otros juegos que se jugaban mucho mejor en PS3.

Algunos de mis amigos tenían en su PS2 una modificación con la que metían un disco blanco, levantaban la tapa de la consola, y podían jugar a juegos piratas. Eso era una barbaridad, pasabas de 2 juegos al año (navidad y cumpleaños) a todos los que pudieses conseguir y jugar.

Primero: me parecía mágico que algo así pudiese funcionar, ¿Cómo habían conseguido engañar a la consola para jugar más juegos? ¡La habían mejorado! mis amigos decían que se la llevaron a un hombre que le puso un chip. "Que locura, ¿Qué cantidad de conocimiento debe de tener una persona para poder saber que chip crear y luego metérselo a la consola y que gracias a eso funcione?, ¿Y por qué hay que meterle un disco blanco?"

No sé en qué momento pensé: "Algo así debe de existir para la Wii también, un proceso equivalente para que yo pueda jugar a todos los juegos que veo en la Nintendo Acción y no me puedo permitir". En mi casa seguía sin haber internet, pero estaban los locutorios, lugares donde por un módico precio tenías acceso a un ordenador con buena conexión a internet (que sería usada en otras ocasiones para jugar al Habbo Hotel, ver capítulos de Naruto, y descargar ROMs de GBA que podía jugar en un emulador en mi PC sin internet). Me puse a investigar y descubrí que de hecho existía una manera para "hackear" la Wii, sin chip ninguno, de forma totalmente gratuita, solo necesitabas el Twilight Princess, una tarjeta SD, y seguir los pasos del tutorial, por suerte contaba con todo.

Después de varios intentos (y muchas idas y vueltas al locutorio), done me encontraba con errores que no entendía, por no haber seguido o preparado bien todo lo que salía en el tutorial (que llevaba impreso en folio), lo conseguí, y termine consiguiendo el objetivo del proceso: instalar el Homebrew Channel, una aplicación dentro del sistema operativo de la Wii que te permitía ejecutar "homebrew": aplicaciones hechas por gente en su casa, sin la aprobación, ni la firma de Nintendo que la Wii exigía a una aplicación para poder ejecutarse en ella:

Chulo. Recuerdo que después de instalarlo lo puse en la última página del menú de la Wii, por miedo a que existiera la remota posibilidad de que un día entrara en casa un policía, o alguien que conociese a alguien que trabajase en Nintendo, y me delataran.

Dentro del homebrew channel podías ejecutar aplicaciones para lanzar las "copias de seguridad" de tus juegos, y además tenía aplicaciones donde poder visualizar de forma muy chula a qué juego querías jugar:

Jugar juegos estaba genial, aunque también comencé a descubrir una comunidad online donde personas compartía información sobre avances que ocurrían en este mundo del "hackeo": aplicaciones concretas, cambiar el tema de tu Wii, o reproductores multimedia, no se me ocurre una representación mejor de esos años que escuchar en el reproductor MP3 de la Wii mis grupos favoritos: Pendulum, Simple Plan, Green Day, Linkin Park.

El nombre de esa comunidad/foro era Scenebeta: un foro donde los usuarios hablábamos sobre nuestras cosas, preguntas, o descubrimientos relacionados con el mundo del homebrew. Además, había una jerarquía de usuarios dentro del foro:

Hoy en día Scenebeta ya no existe, vi hace un tiempo una discusión en GitHub de antiguos usuarios mostrando su agradecimiento por lo que ese foro significo para ellos.
Hoy en día Scenebeta ya no existe, vi hace un tiempo una discusión en GitHub de antiguos usuarios mostrando su agradecimiento por lo que ese foro significo para ellos.

Admiraba a la gente que era editor, parecían tener muchos conocimientos y hacían una noticias y presentaciones de software muy chulas. Yo quería ser editor, iba a ser editor. Y lo conseguí, el truco era ir a páginas inglesas o francesas equivalentes a Scenebeta, y traducir noticias sobre nuevo software, luego traer el conocimiento a la comunidad hispanohablante del foro, en una entrada de foro normal (sin ser noticia de la página principal), y al haber hecho unas cuantas de forma correcta y tener un comportamiento ejemplar en el foro, se te ofrecía ser editor, con lo que conseguías los permisos para publicar noticias en la página principal y acceso a los foros privados donde poder discutir y revisar entre todos las noticias/tutoriales que ibais preparando para publicar.

Llegue a hacer muchos amigos en ese foro, juntos aprendimos a programar, a traducir y a escribir. A alguno de ellos incluso llegué a conocerlos en persona.

Otra cosa que nos gustaba hacer era crear nuestros propios avatar simulando el estilo de los avatares que creaba el diseñador oficial del foro, me pasaba horas aprendiendo Photoshop y diseñando avatares para nosotros y otros usuarios del foro que nos hacían encargos con las ideas que se les ocurría para sus avatares.


Durante ese tiempo, no sé si antes, o después del hack de la Wii (tengo esos años y recuerdos algo mezclados), también me sumergí en la comunidad de la Nintendo DS de Scenebeta, donde era mucho más sencillo conseguir ejecutar homebrew y juegos, solo necesitabas una flashcard, estas son las que yo terminé teniendo:

Me encantaba la DS: tanto su catálogo de juegos, como su comunidad homebrew.

En Scenebeta había un concurso anual de homebrew donde los usuarios presentaban sus proyectos propios, y se organizaban votaciones por categoría: juegos o aplicaciones. Era un gran evento, ¡había premios y todo! Ahí decidí que haría mi propio juego, aprendería a programar en C++ y presentaría mi juego para el concurso fuese como fuese. Ahí comencé a estudiar los conceptos básicos de programación y a usar la PAlib.

Programar era algo fascinante (¡y muy raro!): conceptos que nunca antes había escuchado, problemas que se quedaban dando vueltas en mi cabeza durante horas y de los cuales descubría la solución mientras estaba duchándome. Recuerdo muy bien que fue lo que pensé cuando interioricé que era la programación: "Puedo crear lo que sea, dentro de los límites del ordenador puedo crear cualquier cosa que consiga imaginar. Esto debe de ser exactamente, a una escala menor, lo que Dios debe de sentir al interactuar con el universo". Una vez más, el límite era solo mi capacidad de hacer las preguntas adecuadas, encontrarles respuesta era solo cuestión de tiempo y tozunería.

Durante ese verano aprendí a programar, y conseguí presentar mi videojuego al concurso, era un juego extremadamente sencillo, y ni siquiera quedé cerca de las primeras posiciones, aun así estaba orgulloso de mi esfuerzo y de lo que había conseguido. Pasó el tiempo y termine siendo uno de los fundadores de la sección de PS3 de Scenebeta, donde llegue a aportar mis propios tutoriales originales de modificación del sistema operativo de la consola (hackeada por el gran geohot).

Recuerdo muy claramente el momento en el que las webs inglesas y francesas que yo había usado tantas veces como fuente de noticias y tutoriales homebrew, eran está vez las que traducían mis tutoriales y creaban noticias sobre mi videojuego para la Nintendo DS. Algo así te hace sentir una mezcla de sentimientos muy bonitos y profundos que mezclan felicidad, con lágrimas, y autorealización, y te dicen por dentro: "empezaste ahí, y ahora has llegado lejos: bien hecho".


Siendo precisos, me he saltado una parte importante: ¿Cómo puede ser que tuviese esa involucración en Scenebeta si se supone que en mi casa no había internet? Bien, el tema es que justo después de haber conseguido instalar el Homebrew Channel en la Wii me pregunté: "¿Y si hay alguna manera de "hackear" WiFis? Yo no tengo internet, pero seguro que algún vecino tiene WiFi, ¿Y si existe alguna manera de conseguir su contraseña? Seguro que no, parece demasiado mágico, y prometido que no haré nada ni les molestaré descargando cosas durante el día, solo lo quiero para navegar por internet 😝". Llego el momento de volver a hacer viajes al locutorio, con USBs, DVD vírgenes, y pilas de folios impresos.

Descubrí que sí, de hecho existían maneras de conseguir la contraseña de los WiFis de los vecinos, por lo visto tenía dos opciones:

  1. Ciertas aplicaciones eran capaces de identificar la contraseña por defecto de un router en base a su SSID. Solo funcionaba para ciertos modelos, y si el vecino no había cambiado la contraseña por defecto.
  2. Routers usando WEP, el primer protocolo de seguridad WiFi, el cual capturando paquetes y con mucha paciencia podías llegar a desbloquear la contraseña después de horas.

Terminé instalando en mi viejo portátil (en el cual jugaba a Minecraft a 20 FPS raspados con la distancia de renderizado al mínimo) Kali Linux. Me llevaba apuntados en un papel los errores que iba encontrando durante el proceso en mi casa, luego en el locutorio imprimía páginas de foros con las posibles soluciones y comandos a ejecutar. Al cabo del tiempo terminé teniendo mucho más conocimientos sobre redes de lo que debería. Cuando tenía suerte podía llegar a descargar a la vertiginosa velocidad de 400Kbps, con suerte me descargaba un juego de la Wii en 2-3 días (creo que rompí mi promesa de ser un usuario pasivo de la red).


Algo que ocurrió durante esa época también es que comencé a ganarme mis primeros dinerillos instalando el Homebrew Channel por algunas casas del pueblo. Un hijo de una compañera de mi madre tenía la Wii, mi madre le dijo que yo podía ir a su casa a "piretearsela", la mujer encantada me invito a su casa a merendar, yo llevé mi viejo portátil y les dejé todo listo para jugar. El niño feliz, yo merendado y habiendo obtenido mucha diversión liberando a la consola de su yugo. Antes de irme la mujer me dio 20€ como recompensa "Espera un momento... He merendado, me lo he pasado genial liberando un Wii más, he echado un Mario Kart con este chaval, ¿y su madre me da 20€?". Años después tendría exactamente esta misma realización en mi primer puesto de trabajo, al conseguir que me contrataran como fijo en la empresa donde estaba haciendo las prácticas, yo intentara que ellos no se diesen cuenta de que estaría dispuesto a trabajar ahí gratis, me parecía increíble que me pagaran por hacer lo que para mí se sentía como "jugar".

Se corrió la voz por el pueblo y repetí este mismo proceso alguna que otra vez, dependiendo de la generosidad del vecino ganaba de 20€ a 50€. Esa nueva fuente de ingresos (más allá de los 10-15€ de paga semanal) me permitió dos cosas:

  1. Comprar una antena con la que aumentar mi clarividencia WiFi.
  2. Aprender que la parte más importante para jugar a videojuegos en un ordenador es la tarjeta gráfica, y que la mejor en relación potencia/precio de la época parecía ser la Radeon 270x. Con lo que conseguí darle una nueva vida a la vieja torre de oficina de mi padre y convertirla en una máquina de vicio para jugar online al CoD, LoL y Minecraft a 40 fps sin ser un simulador de cataratas.

Una parte muy importante, que he pasado totalmente por alto, de mi infancia y adolescencia, es la lectura de novelas de ficción.

Todo comenzó después de ir al cine del pueblo a ver Harry Potter y la piedra filosofal (cine que hoy en día está cerrado, debido a que mi grupo de amigos terminamos siendo los únicos en visitarlo durante sus últimos días).

El caso es que la película de Harry Potter me encantó. Yo quería ser Harry Potter. ¡Yo ERA como Harry Potter! Estaba seguro, seguro que al cumplir 12 años me llegaba la carta para ir a Hogwarts, además yo cumplía los años también en julio. Estaba claro que las posibilidades eran bajas, pero yo tendría esperanzas hasta que pasará el verano de mis 12 años, e incluso un par de años después también, solo por si acaso en el primer año se les había pasado y me llegaba tarde la carta. No me importaba ir un par de años atrasado y tener que ir con los más jóvenes, no pasa nada.

El caso es que un día, con 8 años o así, mi madre me dijo: ¿Te gustaría leerte los libros de Harry Potter? Yo me acuerdo que dije: "¿Pero ese libro es todo de letras verdad? No tiene dibujos". No me veía capaz de poder llevar acabó tal hazaña. Sin embargo, le dije a mi madre: "Si, vale". Y normalmente en mi casa no se hacen regalos para los santos, pero a partir de entonces los santos pasaron a ser una excusa más en la que poder conseguir un libro.

Buscando las portadas de los libros acabó de ver que Memorias de Idhún tiene una serie de animación en Netflix, seguro que es adolescente hasta la médula (tal y como era el libro), pero creo que necesito verla.

Estos libros, sobre todo los de Harry Potter, serían libros que releería una y otra vez, y que consumiría en cuestión de días, no por ansia, sino por la curiosidad de descubrir sus mundos y conocer a sus personajes.


Hoy en día veo como muchos de los elementos básicos que forman mi ser han estado ahí toda la vida. Escribiendo esto me doy cuenta más o menos del ADN de lo que significa ser yo. Puedo ver como llevo años intentando eliminar mis asperezas, y hacerme encajar en la sociedad, ser menos yo y más lo que se espera de mí. Con el paso de los años le he ido diciendo al Gerard niño "no, ahora no, no se puede, tenemos que sacrificar esto" para poder ir avanzando en la vida. Y como, precisamente ahora, lo que necesito para continuar avanzando es mirar hacia atrás y encontrar todas esas verdades que me hacen ser quien soy, y traerlas de vuelta al primer plano para que tengan el protagonismo que merecen:

  1. Explorar mundos y perderme en ellos siempre me ha fascinado. Estaría interesante un día ser yo el que crea esos mundos, para que otras personas puedan perderse en ellos.
  2. Aprender como funcionan las cosas de verdad por detrás, por curiosidad innata y asombro por el mundo y sus gentes.

Todo esto implica una búsqueda de la verdad constante, la verdad es lo que ha ocurrido en el universo, y en el universo solamente ha ocurrido una única cadena de eventos consecutivos. Ningún ser humano puede conocer la verdad absoluta porque que nuestra percepción es limitada, pero en el intento de acercarse lo máximo posible a esa verdad es como vives haciendo de tu mundo un lugar algo mejor cada día.